Es cierto que no hacen falta las palabras, basta con una mirada, con un simple gesto para entenderlo todo.
Un juego de sensaciones... una sonrisa... La capacidad de sentirnos tan a gusto... que nos dé igual mostrarnos niños, ser espontáneos, bromear, sentirnos comprendidos, saber que nos escuchan... No importarnos mostrar vulnerabilidad, no con nuestro cómplice.
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